
2007
Es cierto,
queda la hierba azul
sobre la que caballos libres
galopan por amor al viento.
Extraño ejercicio de vivacidad ajena
al peso de nuestros relojes.
Escapan, pero no huyen:
el tiempo no los persigue.
Queda el agua para lavar la vista,
los puentes de piedra
capaces de cruzarlo todo.
Rutas para el reencuentro y campos,
extensiones de tierra, espacios
para el olvido.
Construcciones antiguas como estrellas
elevándose entre el aire consumido
que filtra su silueta para decir que están lejos.
El sol, a veces tímido, y la luna,
compañeros de la humanidad
ya antes de inventar las tumbas.
Y los dioses, claro, todos ellos,
siempre dispuestos a ofrecerte su hombro.
Y los animales de compañía.
Nos queda la vida ¿qué otra cosa importa?
Lo demás
también es cierto,
todo aquello donde casi no hay poesía:
las autopistas humeantes,
las caras metalizadas, los espejos,
los pies de plomo, los pasos de cebra,
los días laborales,
las horas punta,
los comerciantes feroces,
los funcionarios cansados,
los vagabundos perdidos,
el culto al Dólar, la supremacía del cuerpo,
las entidades bancarias,
los himnos, las naciones, las fronteras;
el honor, el orgullo, la miseria…
Todo eso
está también ahí, en el paisaje,
al alcance de nuestros ojos objetivos.
Burdeos, 28 de marzo de 2008










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