
2012-2013
Camino cortado, fila india
de animales salvajes,
cierra mi paso por la urbanidad, descose
su tejido humano: una luz roja,
otra verde.
La boca abierta del depredador rezuma
nobleza y verdad, naturaleza,
vida y muerte, nueva vida,
la luz que se apaga y se enciende.
Lo aterrador es el orden, la estructura,
la impunidad de la forma;
del color, lo subjetivo.
Arte, ingeniería, jurisprudencia.
No es la muerte, no el asesinato:
es el protocolo, la liturgia.
Yo siento la violencia del gusano,
que es casi nada, silencio,
que no protesta, no molesta,
que con permiso devora
los restos podridos, la carroña,
el postre acerbo de la santa cena.
Me asustan, por ejemplo, ciertas aves:
son salvajes, ¡salvajes!
en el mal sentido estrictamente
los cuervos, los buitres, las gaviotas…
Por eso, dos, tres veces por semana,
dímelo, grita: ¡es la guerra!
Tres veces por semana, una los lunes,
no olvides recordármelo y entonces
veré la libertad de los anuncios
de automóviles, la tregua
del turrón y del perfume.
Para adivinar otra belleza
no temeré las fieras y tampoco
apartaré la vista de las flores
del mal, hasta el síncope, el colapso,
catártica ignorancia de las cosas,
sin nausea, con elegante civismo,
con su mismo pacífico talante.
Tres veces por semana, por favor,
por piedad, por clemencia, por amor
dime que la paz no es esto.
Porque ese amor sin duda es importante,
también quizá el deporte y la cultura.
Nunca monopolices la belleza,
no dejes que se estreche más el mundo
porque, si la paz es esto, entonces
prescindiré de puertas y ventanas,
odiaré los quioscos, las aceras,
los jardines y parques infantiles
y seré, volveré a ser, seguiré siendo,
más que el animal, su jaula,
la trampa, el cazador, la red y el rifle,
un mercenario, un ganador, un tonto
libre y ligero, desfilando en compañía,
por las entrañas hoscas del progreso.
Bruselas-Granada, 2012



















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